Translate

22 mar 2015

Crecer desde adentro

El proceso de crecimiento no es una cuestión sólo de cumplir años. Hay mil maneras de crecer. Se puede crecer en una misma; Y se puede hacer mediante la revisión y autocrítica sana, evitando caer en el error de ser tiranas con nosotras mismas. Nuestra psicóloga nos lo explica.
El crecer no es sólo una cuestión de sumar años o centímetros. Crecer va mucho más allá de ser un proceso físico: también es un proceso mental. Un proceso único e individual que todas podemos hacer.
Conforme vamos creciendo nos enfrentamos a diferentes experiencias que, si aprendemos a escuchar, nos ayudarán a madurar ideas, a tener más conocimientos o a cambiar nuestra perspectiva de las cosas. Y aunque es muy interesante que esto sea así, que nos abramos a ser permeables con las experiencias que tenemos, -porque también es verdad que para experimentar cambios a través de las experiencias una tiene que estar predispuesta al aprender de ellas- para crecer también podemos tomar acción directa nosotras. Tomar la decisión de hacerlo. Y lo que siempre tenemos en nuestra mano es hacer una revisión de nosotras mismas, una autocrítica que nos ayude a cambiar y crecer.
Y es que el crecimiento no lo podemos ver como algo simplemente acumulativo, de saber más, hacer más cursos, conocer más cosas, vivir más cosas; Sino que a veces requiere de un alto y de revisar lo que una ya tiene, lo que una ya es. Pararse a pensar qué es lo que funciona, qué es lo que no. Con qué actitudes propias nos sentimos cómodas y con cuáles no. Qué es lo que hace que nuestras relaciones sean buenas y qué parte de nosotras lo único que consigue es poner palos en las ruedas a la hora de relacionarnos.
Para repensarnos hace falta tener una visión crítica de quienes somos, de lo que pensamos y de nuestra manera de vivir, reaccionar y sentir la vida. La autocrítica es una herramienta más que necesaria en este proceso de crecimiento, pero tiene un gran PERO. Y es que cuando se trata de revisarnos a nosotras, de mirar lo que nos gusta y lo que no, de reconocer que hacemos cosas que nos dañan y que dañan a los demás y que tenemos que hacer el esfuerzo de cambiar, existe el peligro de hacerlo desde la dureza, desde la crítica corrosiva que sólo destruye y además esteriliza el terreno por donde pasa.
Para que la autocrítica deje un espacio fértil hay que revisarse desde el cariño y el cuidado. Hay que pensarse como una persona más, con sus fallas, errores. Sí, hay que enfocar qué es lo que se quiere cambiar pero es imprescindible también tener en cuenta que tenemos muchas cosas buenas y, que no nos quepa la menor duda, merecemos un buen trato. Porque tratarnos mal no nos ayuda a crecer. Si utilizamos la autocrítica desde una posición de odio hacia nosotras mismas no estaremos reciclando, sino destruyendo. No estaremos creando, sino enterrando.
Porque cuando se trata de revisión y autocrítica no podemos sacar de la ecuación nuestra parte positiva, no podemos perderla de vista, porque aunque para cambiar debamos enfocarnos en lo que no funciona, tenemos que utilizar lo que sí funciona, lo que sí hacemos bien como punto de partida. Porque de lo que se trata es de sumar a esa parte. Y tenerla en cuenta también nos servirá de protección ante nosotras mismas. Como protección ante la tendencia tan marcada de sentir culpa que tenemos las mujeres. Porque no debes culparte por actuar de determinada forma. Por haber cometido errores. Por darte cuenta de lo que falla.
El objetivo de esta revisión para crecer es hacer un cambio en determinadas conductas, sí, pero bajo la mirada de la aceptación y de la comprensión. De comprender que, sí, hay conductas que nos han hecho daño o han hecho daño a los demás. Que nos habremos equivocado centenares de veces. Como todo e mundo. No pasa nada, porque ahí estamos para tratar de cambiarlo, para tratar de remediarlo. Para tratar de mejorar.
No hay cambio posible si no es desde el cariño y el cuidado propio. No hay forma en la que consigamos mejorar, pulir esas conductas que duelen, si no lo hacemos desde la comprensión y el aprecio y, además, entendemos que es un paso a paso. Porque también es cierto que el cambio no puede suceder de la noche a la mañana, que es un proceso y que requiere esfuerzo. Y también, reconozcámoslo, nos hará pasar algún mal momento. Porque cuando nos pongamos a hacer un buceo en nosotras mismas y descubramos determinadas cosas, dolerá. Pero de nuevo, hay que aceptar. Porque de que nos duela descubrirnos con algo que no nos gusta a hacerse boicot y no parar de criticarse por esa actitud, va un mundo. Los cambios reales y auténticos sólo se conseguirán desde el autocuidado. Desde la revisión amable, desde la comprensión.
Si nos atrevemos a dar el paso y hacemos este proceso, dejaremos de justificar determinadas conductas que nos hacen daño a nosotras y a las demás sencillamente porque “somos así”. Es muy fácil asentarse en eso y resignarse a que “somos como somos”, porque lo realmente cierto es que, aunque tengamos determinadas tendencias, el cambio es posible y sólo está en nuestra mano. Está en nuestra mano el revisarnos, está en nuestra mano el cambiarnos hacia mejor y así hacer de este mundo un espacio más agradable para nosotras y para todas las personas. Está en nuestra mano seguir creciendo.
Y aunque esto sea un proceso individual, nuestra gente puede ser un gran soporte. Tanto para que nos ayuden como espejo a ver dónde debemos hacer cambios, como para que nos apoyen en el proceso. No hay que desdeñar las manos amigas.
Con todo, el simple hecho  atreverse a tomar este camino, sean cuales sean los resultados ya nos hace crecer. Nos hace sentirnos bien con nosotras mismas. Hace que veamos que tenemos el poder de detectar, pulir y cambiar conductas que nos duelen. Hace que nos conozcamos en todas nuestras dimensiones. Consigue que veamos el poder que tenemos de crearnos, deconstruirnos y volvernos a construir. Y esto inevitablemente hace que nuestra autoestima mejore, el ver que podemos mejorar en nosotras mimas. Que no nos conformamos y luchamos desde el cariño para estar mejor, para ser mejores nos hará sentir bien y estaremos más a gusto con nosotras mismas y con todo lo que nos rodea.
Este es un camino de construcción en una misma que no tiene fecha de caducidad. Algo que siempre está en nuestra mano. Porque crecer no acaba nunca.

No hay comentarios.: