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25 mar 2015

FEMENINO Y MASCULINO

Son los dos principios polares de la Creación.
Energías cósmicas y psicológicas inherentes a cada uno de nosotros que atraviesan profundamente nuestra existencia en tanto humanos.
¿Qué significa esto y cómo nos concierne en tanto criaturas de carne y sangre con un género particular y una sexualidad particular?
(entendiendose aquí la sexualidad como nuestra "relación creativa" con nosotros mismos y todo lo que nos rodea)
Lo masculino y lo femenino son energías complementarias de existencia simultánea: lo masculino no puede ser equiparado simplemente con el hombre y lo femenino con la mujer.
Existe una interrelación e interdependencia mutua intensa que hace imposible el mero intento de separar lo masculino y lo femenino en dos categorías claras.
Muchas de las descripciones y propiedades que se atribuyen a lo femenino derivan de la diferenciación sexual y de los roles sexuales culturales.
Si lo femenino y lo masculino solo se refirieran a aspectos biológicos y culturales, eso significaría que las mujeres y los hombres representan posiciones antagónicas irreductibles, y no es así.
Todos somos iguales y todos somos distintos. Somos únicos. Todos hemos nacido y todos moriremos.
Es posible desarrollar o refinar nuestros aspectos masculinos y femeninos, internos.
La expresión de uno no tiene por qué ir en detrimento del otro.
Sigmund Freud le hizo lugar a lo femenino a través de su revolucionario descubrimiento del inconsciente.
Fue el primero que dio cuenta de las manifestaciones psicológicas de la bisexualidad humana
y su investigación tropezó con lo que el psicoanalísis denominó “la repudiación de la femineidad”. De qué se trata? De una posición lógica que parece adoptar el sujeto humano y que consiste en no aceptar, en rechazar, en no considerar bueno, y no poder sufrir ese algo que es “la femineidad”.
Son los dos sexos los que se colocan en la misma posición de rechazo...
La mujer lo expresa envidiando la posición del hombre en la cultura o la sociedad, por ejemplo.
El hombre pone de manifiesto el rechazo a la posición femenina, sublevándose contra la pasividad.
Paradójicamente, lo que crea la radical igualdad de los sexos en el orden inconsciente y lo que alimenta la dinámica de lo masculino y lo femenino para el psicoanálisis, sería este rechazo común del ser femenino.
Pero sigamos con las paradojas: sería un error entender que ni los hombres ni las mujeres “aman” la femineidad.
La amamos, ya que más exactamente, eso que denominamos la femineidad, es lo más íntimo, excluido y propio de nosotros mismos.
Por su parte, Carl Jung, al intentar restablecer una relación con la alquimia descubrió que lo femenino era una fuerza vital y necesariamente regenerativa. Reafirmó el ideal del andrógino y desarrolló sus conceptos de ANIMUS y ANIMA: el ANIMA era la compensación femenina frente a la dominación de lo masculino en el hombre, y el ANIMUS era la compensación masculina frente a la dominación de lo femenino en la mujer. El Inconsciente femenino es de cualidad masculina, y el masculino de cualidad femenina. (Plop!)
De acuerdo con la visión junguiana, los problemas que experimentamos se deberían a los efectos represivos y perturbadores de nuestro ego conciente (que en todos, ya seamos hombres o mujeres tiene cualidad masculina) entonces, el fin de análisis coincidiría con la aceptación de la femineidad psicológica en cada quien. (James Hilman, The Mith of Analysis).
Desde un punto de vista alquímico, lo femenino y lo masculino tienen que ser amansados y transmutados antes de que pueda tener lugar el matrimonio sagrado a través del cuál se reconocen las distintas tensiones que hay dentro del individuo, y la conciencia o el espíritu se purifican lentamente y emergen en el conocimiento divino de toda la naturaleza.
El matrimonio sagrado (interno) NO se trataría de la homogeneización de lo masculino y lo femenino dentro de nosotros mismos, sino el reconocimiento y la utilización de estas energías complementarias para nuestro desarrollo como individuos, utilizando todo su potencial. El matrimonio de nuestras polaridades internas, también llamado las bodas alquímicas, cuya consecuencia a largo plazo es devenir NOSOTROS MISMOS.
Al experimentar los atributos femeninos y masculinos de manera independiente de la herencia biológica y de los roles relacionados con ella, se produce un cambio de espectaculares proporciones: El mundo ya no es una proyección de nuestras identificaciones y expectativas, sino que es algo con lo cual uno puede relacionarse, jugar y verlo como es.
No poseemos todas las respuestas y tal vez hasta debamos renunciar a las respuestas que creíamos que teníamos, para que cada situación pueda presentarse como algo nuevo y único !
Tolerar la confusión y profundizar en las paradojas es la base de un trabajo necesario para descubrir una mayor calidez e inteligencia.
“Conoce al hombre
pero conserva el rol de la mujer
y sé valle para el Imperio.
Si eres un valle para el Imperio
entonces la virtud permanente no te abandonará
y volverás a ser nuevamente un niño.”
Lao Tsé

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