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5 jun 2015

SANANDO LAS HERIDAS DE NUESTRO SUBCONSCIENTE


Cuando estamos en el camino espiritual, la mayoría de las personas, tenemos tendencia a reprimir las emociones y sentimientos de malestar, dolor y negatividad.
Los reprimimos pensando que los estamos observando para transformarlos en luz, pero casi nunca es así.
Cuando notamos la más mínima sensación de inquietud y negatividad (somos conscientes de ella), no permitimos que el dolor salga a la superficie. Está ahí enterrado en nuestro subconsciente, despertando y dando señales de alarma... y en cuanto nos damos cuenta de que sentimos un sutil dolor, automáticamente lo bloqueamos, lo reprimimos, no lo dejamos aflorar.
Esto es debido a nuestra mente (ego) que se mueve por hábitos y en cuanto detecta el leve dolor de nuestro interior, recuerda lo mal que se pasa al sufrir, entonces tiene miedo y automáticamente lo rechaza, no lo acepta... nuestra mente dice: "no quiero sentirme mal. Quiero estar bien".
El dolor no ha podido salir a la superficie y al no sanarlo, vuelve a quedar en la profundidad de nuestro subconsciente, en estado latente (dormido), hasta que otra situación distinta provocará que vuelva a despertar.

Hemos de ser muy conscientes de esto, ya que si no permitimos que los dolores salgan (pasen del subconsciente a la mente consciente), no lograremos liberarlos.
La manera correcta para poder sanar esos dolores es la siguiente:
En el momento que despierta y empieza aflorar hacia la superficie (nos damos cuenta de que nos sentimos mal), tenemos que PERMITIR Y ACEPTAR QUE ESE DOLOR ESTÁ AHÍ Y QUE DEBE SALIR. TENEMOS QUE SENTIR ESE DOLOR, A PESAR DE QUE ESTO ES LO QUE SOLEMOS EVITAR.
Le tememos al sufrimiento y por eso lo negamos, le damos la espalda y lo dejamos ahí, como un niño indefenso, llorando, que necesita ser abrazado y consolado con amor y compasión.
Por tanto, cuando notes que hay algo que te molesta en el interior, un malestar, o un dolor agudo que surge de repente, no lo niegues, no le des la espalda... obsérvalo como si fuera un niño pequeño indefenso, que necesita tu ayuda, necesita un abrazo, necesita de tu amor, de tu luz para poder transformarse (transmutarse) y así, liberarse.
Así que siente ese dolor, sin miedo; siéntelo como observador que eres, sentir el dolor pero sin identificarte con él (no te aferres a él, no te dejes arrastrar por él), simplemente mantén un poco de distancia entre tú y el dolor, lo observas como si estuvieras mirando una película de drama, siendo consciente de que ese dolor no eres tú... lo observas sin juicios y luego lo abrazas con compasión y con el amor y la luz de tu consciencia.
Puedes decir en tu interior: "sé que estás aquí, no te preocupes, voy a abrazarte y a cuidar de ti".
Esta es la manera correcta para sanar el dolor del subconsciente que aflora a la superficie.
El dolor es energía enquistada, bloqueada; son como pelotas de energía que tienen una vibración distinta a la energía que fluye por todo nuestro campo electro-magnético (energía Chi).
Estas pelotas no permiten que nuestra energía Chi fluya correctamente, y con el paso del tiempo, causan enfermedades en el cuerpo físico.
Las enfermedades del cuerpo físico son las señales que nos indican que algo en nuestro interior no fluye correctamente. Por tanto, la enfermedad es el síntoma que nos permite tomar consciencia de la energía enquistada que hay en nuestro interior y que debemos sanar.

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