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8 nov 2020

¿Quieres ayudarme?

¿ QUIERES AYUDARME ?
Cierra los ojos cinco minutos recuerda la última vez que sentiste dolor...
 Vívelo... 
Trasladalo a diferentes partes de tu cuerpo a la vez... 
Imaginalo las 24 horas del día, cada semana, cada mes, cada año...
¿ Lo has podido sentir ?
Sigue con los ojos cerrados, recuerda la última vez que estabas extenuado y que eras incapaz de seguir... 
Intentas descansar y no desaparece se perpetua a lo largo del tiempo.
Ahora ya puedes abrir los ojos, estas preparada para conocer todas nuestras limitaciones y cómo luchamos contra ellas.
TENGO FIBROMIALGIA, Y NO SOY DÉBIL, NINGÚN DÉBIL SOPORTARÍA TANTO DOLOR, CÓMO YO SUFRO
Mi gran barrera se llama FIBROMIALGIA.
Es una enfermedad muy dolorosa, requiere el apoyo de toda la SOCIEDAD, mucho apoyo y comprensión, es necesario que las personas se conciencien de qué está enfermedad no es ningún cuento y que está presente en nuestro día a día, no pretendo dar lástima ni pena, pero si exigir un trato digno,seguiré luchando por conseguir que algún día no muy lejano, no!!, nos den de lado y acepten de una vez por todas que esta enfermedad es muy visible, dolorosa e incapacitante y a quién corresponda qué investiguen y busquen una cura para poder llevar al menos una vida digna...

26 dic 2015

¿Qué es una Mujer Medicina?


Es aquella mujer que se sana y sana su pasado!
Es aquella que se ha reconciliado con su sangrado femenino!
Es quien entiende la importancia de sanar su linaje y abrazarlo amorosamente!
Es quien no solo ha sanado, aprendió en el proceso y recordó su legado ancestral!
Es aquella que exalta sus saberes y sus experiencias transformando en sabiduría!
Es aquella que entiende del tiempo y mira las cosas con profundidad y anhelo!
Es quien puede trasmutar el sufrimiento, las lágrimas y el dolor por entendimiento!
Es quien guía sin prisa a su Ser, permitiendo que el Universo le revele sus secretos!

21 sept 2015

ACEPTACIÓN vs. RESIGNACIÓN


En la resignación se cae:
en el rol de victima...
en el sufrimiento...
en el lamento...
En la aceptación
se suelta...
se desapega...
se hace algo diferente para mejorar...

15 sept 2015

Invisibilidad


Los síntomas de muchas de estas situaciones de enfermedad poco comprendidas médica y socialmente no se manifiestan de una manera obvia; no tienen una evidencia externa que de cuenta del sufrimiento y despierten compasión en los demás. Por el contrario, la persona soporta a menudo el escepticismo y el descreimiento de los otros.
Además de la angustia y de las molestias que estos síntomas provocan, la persona afectada puede llegar a sufrir la indiferencia e incomprensión de los demás. Se produce una discordancia entre la limitada actuación familiar y social de la persona afectada y las expectativas con relación a su conducta de las personas que la rodean. Estas respuestas o actitudes del entorno dejan al paciente en un estado de confusión, lástima de sí mismo, inseguridad y soledad.

17 ago 2015

La importancia de nuestros límites emocionales

Suele decirse que nunca podemos llegar a saber hasta donde somos capaces de aguantar. Que la capacidad del ser humano para soportar y sufrir, puede ser a veces inmensa. Pero no es del todo cierto.
Uno puede estar viviendo una situación con un alto nivel de estrés y ansiedad, y no aparentar exteriormente excesivo padecimiento, pero por dentro, el sufrimiento vital nos va quebrando.
No solo nuestra salud física se resiente, siendo más vulnerables a todo tipo de enfermedades, sino que además, nuestro auto-concepto empieza a distorsionarse.
Dejaremos incluso de reconocernos a nosotros mismos, y a perder claramente nuestra autoestima.
Somos zombies en vida. Personas que no han podido o no han sabido marcar un límite de defensa, una barrera donde decirnos “hasta aquí voy a llegar”.
Sabemos que a veces no es fácil, que decir un “no” puede tildarnos de egoísmo ante determinadas personas. Pero si no disponemos de esa barrera de auto-protección, poco a poco nos quedaremos sin oxígeno para poder respirar.

12 abr 2015

ES PURA GRACIA!!!

Préstale atención a tu vida.
Date cuenta de lo insondable de su misterio.
Tanto en el aburrimiento y en el sufrimiento de la vida
como en el entusiasmo y en la alegría:
aprovecha el tacto, el gusto, el olfato, 
para alcanzar ese núcleo sagrado y oculto de la vida
porque, en el fondo, todos los momentos son momentos
clave, y la vida, en sí misma, es pura gracia.

11 mar 2015

Aceptar las cosas como son...


Un sufrimiento humano muy común es desear que las cosas sean distintas a como son
Sin renunciar al progreso, es necesario asumir que hay situaciones y personas que no cambian
El reto es aceptar lo que nos toca vivir y trabajar para restablecer el equilibrio
Una de las fuentes de sufrimiento más comunes en el ser humano es el deseo de que las cosas sean distintas a como realmente son. Cuando un país pasa por una grave crisis, la población mira atrás y desea que todo fuera como antes, un antes que en su momento no se valoraba porque parecía aburrido o bien había otras aspiraciones.
Lo mismo sucede con las relaciones interpersonales. Quien tiene por pareja a alguien silencioso desearía un carácter dicharachero, y este último pondrá de los nervios a quien convive con él un día tras otro. ¿Por qué anhelamos siempre lo que no tenemos?
Hay vida antes de la muerte; disfrútala” (Eduard Punset)
Nuestra forma de vida está tan basada en el cambio y el progreso, que a menudo valoramos negativamente la estabilidad sin saber cuál sería la alternativa.
La insatisfacción es lo que permite el progreso de la ciencia, las artes y todo lo que tiene que ver con la sociedad, pero cuando se vuelve crónica en nuestro día a día deja de ser un estímulo para teñir de negatividad nuestra vida.
Para ver el otro lado
Hay personas que, instalados en la queja y la amargura, molestan a los demás –y a sí mismos– de forma totalmente estéril porque de nada sirve señalar lo que no funciona sin ofrecer soluciones.
Madame Bovary dio nombre a lo que el filósofo Jules de Gaultier denominaría “bovarismo”. Se trata de un estado de insatisfacción permanente a causa del desnivel entre las propias ilusiones y la realidad. Sin abogar tampoco por el conformismo, si nuestras aspiraciones se hallan siempre a gran distancia de lo que tenemos, jamás alcanzaremos la serenidad. Como el burro que persigue la zanahoria, podemos pasar la vida entera esperando “algo mejor” para descubrir al final que ya lo teníamos y no habíamos sabido verlo.
Los manuales de psicología han puesto de moda el verbo procrastinar, que significa postergar aquello que deberíamos hacer hoy. Un aplazamiento que también se produce en un nivel existencial. Muchas personas postergan la felicidad hasta que cambie la situación que están viviendo. Se convencen de que cuando encuentren un trabajo mejor o la pareja ideal, por poner dos ejemplos, se darán permiso para disfrutar de la vida. Sin embargo, este planteamiento tiene un fallo de origen y es que nada resulta como esperábamos una vez que lo conseguimos.
Lo que ocurre es que muchas personas cuando llega el momento tan largamente esperado o deseado sufren una desilusión; entonces fijamos nuevos objetivos esperando que una vez alcanzados llegue, esta vez sí, el premio definitivo. Sin embargo, esto no acostumbra a suceder, ya que más que insatisfacciones existen las personas insatisfechas.

Del mismo modo que nos resulta difícil aceptar las cosas como son, también nos cuesta aceptar a los demás, ya que su forma de pensar y reaccionar nunca coincidirá con nuestras expectativas.
Al hacer un favor a un vecino, nos duele si no obtenemos el mismo trato por su parte cuando lo necesitamos. En el ámbito laboral, a menudo consideramos que los compañeros no cumplen con sus tareas, y el jefe o la jefa es un ser inútil que está dinamitando la empresa.
A veces debes conocer al otro realmente bien para darte cuenta de que sois dos extraños” (Mary Tyler Moore)
En esta clase de pensamientos está el punto de partida de la mayoría de conflictos interpersonales. Al esperar que los demás se comporten de determinada forma les estamos negando el derecho a su identidad. Además, al enfadarnos por estas diferencias obviamos algo muy importante: ser o actuar de modo distinto a nosotros no tiene por qué ser negativo.
Afortunadamente, cada persona tiene una combinación única de defectos y virtudes. Podemos aceptar su singularidad y sacar partido de las cosas buenas que nos ofrece o bien enrocarnos y señalar al otro como enemigo.
En 2002, Byron Katie publicó un libro orientado a acabar con la insatisfacción personal: Amar lo que es. Basado en aceptar y reconocer el valor de lo que configura nuestro entorno, no se trata de resignarse a lo que hay, sino de amar nuestras circunstancias para mejorar desde ese punto de partida.

Esta autora norteamericana sostiene que “la realidad es siempre más amable que las historias que contamos sobre ella” y que cualquier enfado que tengamos con los demás es, en el fondo, algo de nosotros mismos que nos molesta. Por eso mismo desearíamos cambiarlos, porque resulta más fácil exigir la transformación del otro que la de uno mismo.
Convencida de que “lo que provoca nuestro sufrimiento no es el problema, sino lo que pensamos sobre el mismo”, en su best seller propone que la persona insatisfecha se entregue al “trabajo”, que empieza con estas dos fases:
1. Plasmar en el papel lo que no nos gusta. Tomar una situación o una persona que nos desagrada y especificamos quién o qué provoca nuestra tristeza, qué es lo que no nos gusta y cómo debería ser para que estuviéramos satisfechos.
2. Indagar en el problema a través de estas cuatro preguntas:
a) ¿Es eso verdad?
b) ¿Tienes la absoluta certeza de que eso es verdad?
c) ¿Cómo reaccionas al tener este pensamiento?
d) ¿Quién serías sin él?
Byron Katie sostiene que ante un pensamiento negativo solo tenemos dos opciones: o nos apegamos a él o indagamos para comprenderlo. Esa última actitud y una relación constructiva con nuestro entorno nos llevarán a un plano superior.
Señor, concédeme serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que sí puedo y sabiduría para reconocer la diferencia”
(Reinhold Niebuhr)
Una anécdota que se menciona en los talleres de superación personal tiene como protagonista a un violinista que en pleno concierto en Nueva York vio cómo se rompía una de las cuatro cuerdas de su violín. En lugar de detenerse, decidió adaptar la melodía a las otras tres cuerdas, algo realmente difícil con este instrumento. Cuando le preguntaron por qué había elegido esa opción, respondió: “Hay momentos en los que la tarea del artista es saber cuánto puede llegar a hacer con lo que le queda”.
Sin duda, la realidad nos pone a prueba y a menudo estamos expuestos a circunstancias indeseadas. La cuerda rota del violinista tiene su equivalente, en la vida cotidiana, en situaciones con mucho menos público, pero más dolorosas. En lugar de lamentar nuestra suerte, podemos preguntarnos qué es lo que nos queda y qué podemos hacer para restablecer el equilibrio en nuestra vida. Para que vuelva a sonar la música, no obstante, es necesario aceptar las cosas como nos ha tocado vivirlas, ya que son un reto y un aprendizaje. Al mismo tiempo, en lugar de buscar culpables, debemos aceptar a los demás y no fijarnos en su cuerda rota, sino en las otras tres que siguen sonando.