Los síntomas de muchas de estas situaciones de enfermedad poco comprendidas médica y socialmente no se manifiestan de una manera obvia; no tienen una evidencia externa que de cuenta del sufrimiento y despierten compasión en los demás. Por el contrario, la persona soporta a menudo el escepticismo y el descreimiento de los otros.
Además de la angustia y de las molestias que estos síntomas provocan, la persona afectada puede llegar a sufrir la indiferencia e incomprensión de los demás. Se produce una discordancia entre la limitada actuación familiar y social de la persona afectada y las expectativas con relación a su conducta de las personas que la rodean. Estas respuestas o actitudes del entorno dejan al paciente en un estado de confusión, lástima de sí mismo, inseguridad y soledad.
