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12 mar 2023

EN TU RESPIRAR, EL AQUÍ Y AHORA

Antes de sujetar la primera roca ya sabía a dónde iba a llegar.
Ya sabía cuál era mi deseo, mi objetivo…
Pero con el tiempo había aprendido a no mirar más allá.
A no aventurarme en lo que vendría sino en el aquí y ahora, en cada paso, en otra nueva escalada.
Ahí debía de estar presente y colocar mi energía solo en ese instante, porqué más arriba solo se encontraba el deseo y la ansiedad de algo que aún no había sucedido.
Tu vida es hermosa si la vives ahora, si aprendes a disfrutar el camino.
Percibir en ese recorrido cada uno de tus sentidos, cada una de las señales que el universo pone a tus pies.
EN TU RESPIRAR, EL AQUÍ Y AHORA.
                             Natalia Yarad

11 mar 2023

Dime quién eres...

¿Dime quien eres ahora mismo, en este preciso instante?
Y no me lo digas désde el pasado
Désde la memoria
Désde lo que fue o crees que fúe…
Dímelo désde este preciso instante
No désde lo que te dijeron qué eres
Desde los libros
Las charlas
Los congresos
Las reuniones 
Porqué eso que eres ahora 
Siempre has sido 
En este continuo 
Ahora es lo que realmente eres 
Y no lo que crees 
O te dijeron que eres
No eres el nombre
Ni los apellidos 
Tan siquiera
No eres el conocimiento que puedas tener
No eres la memoria 
Ni nada que pertenezca al pasado
No eres las sensaciones
Los deseos
Las emociones 
Ni nada qué sea producido 
Y experimentado por la mente
No eres el cuerpo
Porqué no es el cuerpo el que dice yo
"Yo" 
Es solo un pensamiento que surge en lo que tú eres 
Pero no es lo que tú eres
Entonces
¿Quién eres tú?

28 ago 2015

Te deseo Amor.


Amor para que te quieras mucho y te permitas ser querido con amor del bueno. 
Te deseo Claridad. 
Claridad para que puedas lograr reconocer la diferencia entre un acto de amor y un acto de violencia.
Te deseo Sensibilidad. 
Sensibilidad para tus creaciones y para los vínculos que construyes con las personas que encuentres en tu camino.
Te deseo Valentía.
Valentía para que al llegar una prueba intensa, te permitas abrazar tu dolor sin quedarte instalado en el sufrimiento.
Te deseo Confianza.
Confianza para que a pesar de todo lo que te toca vivir, sigas apostando por la vida y sigas confiando.
Te deseo Humildad.
Humildad para aceptarte y aceptar a los demás, y para reconocer que toda equivocación es parte del aprendizaje.
Te deseo Esperanza.
Para que por ninguna razón dejes de soñar en hacer realidad aquello que tanto deseas para tu vida.
Y, para eso y por eso, hoy te deseo y me deseo: AMOR, CLARIDAD, SENSIBILIDAD, VALENTÍA, CONFIANZA, HUMILDAD y ESPERANZA.

11 abr 2015

Te deseo!!!!

"No te deseo un regalo cualquiera,
te deseo aquello que la mayoría no tiene,
te deseo tiempo, para reír y divertirte,
si lo usas adecuadamente podrás obtener de el lo que quieras.
Te deseo tiempo para tu quehacer y tu pensar
no sólo para ti mismo sino también para dedicárselo a los demás.
Te deseo tiempo no para apurarte y andar con prisas
sino para que siempre estés contenta.

11 mar 2015

Aceptar las cosas como son...


Un sufrimiento humano muy común es desear que las cosas sean distintas a como son
Sin renunciar al progreso, es necesario asumir que hay situaciones y personas que no cambian
El reto es aceptar lo que nos toca vivir y trabajar para restablecer el equilibrio
Una de las fuentes de sufrimiento más comunes en el ser humano es el deseo de que las cosas sean distintas a como realmente son. Cuando un país pasa por una grave crisis, la población mira atrás y desea que todo fuera como antes, un antes que en su momento no se valoraba porque parecía aburrido o bien había otras aspiraciones.
Lo mismo sucede con las relaciones interpersonales. Quien tiene por pareja a alguien silencioso desearía un carácter dicharachero, y este último pondrá de los nervios a quien convive con él un día tras otro. ¿Por qué anhelamos siempre lo que no tenemos?
Hay vida antes de la muerte; disfrútala” (Eduard Punset)
Nuestra forma de vida está tan basada en el cambio y el progreso, que a menudo valoramos negativamente la estabilidad sin saber cuál sería la alternativa.
La insatisfacción es lo que permite el progreso de la ciencia, las artes y todo lo que tiene que ver con la sociedad, pero cuando se vuelve crónica en nuestro día a día deja de ser un estímulo para teñir de negatividad nuestra vida.
Para ver el otro lado
Hay personas que, instalados en la queja y la amargura, molestan a los demás –y a sí mismos– de forma totalmente estéril porque de nada sirve señalar lo que no funciona sin ofrecer soluciones.
Madame Bovary dio nombre a lo que el filósofo Jules de Gaultier denominaría “bovarismo”. Se trata de un estado de insatisfacción permanente a causa del desnivel entre las propias ilusiones y la realidad. Sin abogar tampoco por el conformismo, si nuestras aspiraciones se hallan siempre a gran distancia de lo que tenemos, jamás alcanzaremos la serenidad. Como el burro que persigue la zanahoria, podemos pasar la vida entera esperando “algo mejor” para descubrir al final que ya lo teníamos y no habíamos sabido verlo.
Los manuales de psicología han puesto de moda el verbo procrastinar, que significa postergar aquello que deberíamos hacer hoy. Un aplazamiento que también se produce en un nivel existencial. Muchas personas postergan la felicidad hasta que cambie la situación que están viviendo. Se convencen de que cuando encuentren un trabajo mejor o la pareja ideal, por poner dos ejemplos, se darán permiso para disfrutar de la vida. Sin embargo, este planteamiento tiene un fallo de origen y es que nada resulta como esperábamos una vez que lo conseguimos.
Lo que ocurre es que muchas personas cuando llega el momento tan largamente esperado o deseado sufren una desilusión; entonces fijamos nuevos objetivos esperando que una vez alcanzados llegue, esta vez sí, el premio definitivo. Sin embargo, esto no acostumbra a suceder, ya que más que insatisfacciones existen las personas insatisfechas.

Del mismo modo que nos resulta difícil aceptar las cosas como son, también nos cuesta aceptar a los demás, ya que su forma de pensar y reaccionar nunca coincidirá con nuestras expectativas.
Al hacer un favor a un vecino, nos duele si no obtenemos el mismo trato por su parte cuando lo necesitamos. En el ámbito laboral, a menudo consideramos que los compañeros no cumplen con sus tareas, y el jefe o la jefa es un ser inútil que está dinamitando la empresa.
A veces debes conocer al otro realmente bien para darte cuenta de que sois dos extraños” (Mary Tyler Moore)
En esta clase de pensamientos está el punto de partida de la mayoría de conflictos interpersonales. Al esperar que los demás se comporten de determinada forma les estamos negando el derecho a su identidad. Además, al enfadarnos por estas diferencias obviamos algo muy importante: ser o actuar de modo distinto a nosotros no tiene por qué ser negativo.
Afortunadamente, cada persona tiene una combinación única de defectos y virtudes. Podemos aceptar su singularidad y sacar partido de las cosas buenas que nos ofrece o bien enrocarnos y señalar al otro como enemigo.
En 2002, Byron Katie publicó un libro orientado a acabar con la insatisfacción personal: Amar lo que es. Basado en aceptar y reconocer el valor de lo que configura nuestro entorno, no se trata de resignarse a lo que hay, sino de amar nuestras circunstancias para mejorar desde ese punto de partida.

Esta autora norteamericana sostiene que “la realidad es siempre más amable que las historias que contamos sobre ella” y que cualquier enfado que tengamos con los demás es, en el fondo, algo de nosotros mismos que nos molesta. Por eso mismo desearíamos cambiarlos, porque resulta más fácil exigir la transformación del otro que la de uno mismo.
Convencida de que “lo que provoca nuestro sufrimiento no es el problema, sino lo que pensamos sobre el mismo”, en su best seller propone que la persona insatisfecha se entregue al “trabajo”, que empieza con estas dos fases:
1. Plasmar en el papel lo que no nos gusta. Tomar una situación o una persona que nos desagrada y especificamos quién o qué provoca nuestra tristeza, qué es lo que no nos gusta y cómo debería ser para que estuviéramos satisfechos.
2. Indagar en el problema a través de estas cuatro preguntas:
a) ¿Es eso verdad?
b) ¿Tienes la absoluta certeza de que eso es verdad?
c) ¿Cómo reaccionas al tener este pensamiento?
d) ¿Quién serías sin él?
Byron Katie sostiene que ante un pensamiento negativo solo tenemos dos opciones: o nos apegamos a él o indagamos para comprenderlo. Esa última actitud y una relación constructiva con nuestro entorno nos llevarán a un plano superior.
Señor, concédeme serenidad para aceptar lo que no puedo cambiar, valor para cambiar lo que sí puedo y sabiduría para reconocer la diferencia”
(Reinhold Niebuhr)
Una anécdota que se menciona en los talleres de superación personal tiene como protagonista a un violinista que en pleno concierto en Nueva York vio cómo se rompía una de las cuatro cuerdas de su violín. En lugar de detenerse, decidió adaptar la melodía a las otras tres cuerdas, algo realmente difícil con este instrumento. Cuando le preguntaron por qué había elegido esa opción, respondió: “Hay momentos en los que la tarea del artista es saber cuánto puede llegar a hacer con lo que le queda”.
Sin duda, la realidad nos pone a prueba y a menudo estamos expuestos a circunstancias indeseadas. La cuerda rota del violinista tiene su equivalente, en la vida cotidiana, en situaciones con mucho menos público, pero más dolorosas. En lugar de lamentar nuestra suerte, podemos preguntarnos qué es lo que nos queda y qué podemos hacer para restablecer el equilibrio en nuestra vida. Para que vuelva a sonar la música, no obstante, es necesario aceptar las cosas como nos ha tocado vivirlas, ya que son un reto y un aprendizaje. Al mismo tiempo, en lugar de buscar culpables, debemos aceptar a los demás y no fijarnos en su cuerda rota, sino en las otras tres que siguen sonando.