Aunque pueda parecer obvio, hay una enorme diferencia entre el sentir nuestros sentimientos y el participar con ellos a un nivel más interpretativo, atrapados en la sutil narrativa que tan fácilmente elaboramos a su alrededor. El mantenerse corporalmente encarnado a una profunda tristeza, como sentimiento y sensación, no es lo mismo que hablar con nosotros mismos acerca de porqué estamos tristes, cuándo va a desaparecer esa tristeza, que fué lo que la causó y cómo eso es la evidencia de que no somos suficiente, no somos dignos de amor, y que algo está mal con nosotros.
Para muchos de nosotros es fácil decir – “Oh, estoy totalmente en mi cuerpo, estoy en contacto directo e íntimo con los crudos sentimientos y sensaciones de ira, tristeza, dolor, vergüenza y desesperanza. No me digas que no estoy sintiendo todo eso! He 'estado triste' por tanto tiempo!" Pero si hacemos una pausa, caminamos lentamente y nos permitimos sentir curiosidad sobre lo que es verdadero, podemos descubrir que con lo que estamos en contacto realmente es una ingeniosa narrativa que hemos envuelto alrededor de nuestros sentimientos.
En este descubrimiento es importante no avergonzarnos a nosotros mismos, o embarcar en una narrativa secundaria sobre de cómo hemos fallado y nunca lograremos 'hacerlo bien', sino, volver con amabilidad al cuerpo y recibir lo que está ahí. Puede que tengamos que volver una y otra y otra vez, comprometiéndonos a permanecer con el ardor durante cortos períodos de tiempo - no tan largo que nos traumatizemos nuevamente a nosotros mismos o lleguemos a sentirnos totalmente abrumados, sino nada más, el tiempo suficiente, en el que podamos seguir elevando nuestra tolerancia por la intensidad. Podemos ir esforzándonos un poco, con una especie de ardiente bondad.




