Me duele despertar cada mañana y que las tapas de los matutinos estén cubiertas de malas noticias. ¿Será que solo cosas malas pasan en el mundo? ¿O será que una nube gris cubre nuestro optimismo y no nos permite ver todo lo bueno que también pasa?
Me duelen los fanatismos e ideologías religiosas, políticas y sociales que dividen al hombre en lugar de unirlo, que pelean en lugar de dialogar, que siembran el odio en lugar de la paz, que en pos de ser dueños del poder o de la verdad no vacilan un segundo en bombardear con granadas, acciones o palabras una ciudad, un país o una sociedad.
Me duelen París, Madrid, New York y Buenos Aires con sus atentados terroristas que dejaron centenares de muertos, ciudades devastadas por el horror de lo que está pasando en el jardín de casa sin que decidamos de una vez por todas darnos cuenta; y comencemos a exigirnos y a exigirles a nuestros gobiernos menos discursos y más acciones que unifiquen a la humanidad y ayuden a consolidar la paz.






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