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20 nov 2020

CUÁNDO LA VIDA TE SACUDE

Vas caminando con tu taza de café.
Y de repente alguién pasa, te empuja y hace que se te derrame el café por todas partes...
- ¿Por qué se te derramó el café?
- Porqué alguien me empujó
Respuesta equivocada:
Derramaste el café porqué tenías café en la taza, si hubiera sido té...
hubieras derramado té.
Lo que tengas en la taza... 
Es lo qué se va a derramar. 
Por lo tanto... 
Cuándo la vida te sacude (qué seguro pasará) lo qué sea, que tengas dentro de ti, vas a derramar. 
Puedes ir por la vida fingiendo que tu taza está llena de virtudes.
Pero cuándo la vida te empuje vas a derramar lo que en realidad tengas en tu interior.
Eventualmente sale la verdad a la luz.
Así que habrá que preguntarse a uno mismo: 
¿Qué hay en mi taza?
Cuándo la vida se ponga difícil
¿Qué voy a derramar? 
¿Alegría, agradecimiento, paz, bondad, humildad? 
¿O amargura, palabras o reacciones duras?
¡Tú eliges!
Ahora... 
Trabaja en llenar tu taza con gratitud 
Perdón
Alegría
Palabras positivas
Amables
Generosidad 
Amor para los demás.
De lo que esté llena tu taza, tú eres el responsable.
Y mira qué la vida sacude.
¡Sacude más veces de las que puedes imaginar!

17 nov 2020

Y SI MAÑANA...

Y si mañana te buscó...
Y se apagá la luz...
Y si mañana cuándo te despiertes.
Ya no esté.
Sabrás qué de una otra forma.
Nos mezclamos. 
Y entre sabores agridulces.
Nos saboreamos.
Si mañana quedá servido el café...
Y no me doy cuenta, qué no te amé tanto.
Cómo quería y dejé qué se enfríe.
Igual siempre lo tomó, aúnque ya está frío.
Si mañana no llegas a comer y se vence la comida en la heladera.
Porqué sabés muy bien.
Qué tengo cierto rechazo de comer sola o acompañada.
Y no es maña es simplemente...
Qué mis almuerzos no fuerón los mejores... 
Y me trató mal 
Aún después de tantos años.
Sabés muy bien todo sobre mi...
Y yo sobre ti.
Sobre tus vagos deseos, de quedarte aquí y no dejar nada pendiente.
De yo siempre esperando qué eso no pasé.
Sabés qué no puedo dormir.
Y doy vueltas horas, antes de acostarme.
Y sigó despierta esperandó qué te duermas, para volver a levantarme y fumar en la parte más silenciosa de la casa.
Sabés qué me enojá, todo lo qué se me demanda aúnque igual lo haga.
Es qué siempre llevé la contrá.
A lo estructurado.
Lo cotidiano.
Lo normal.
Y también se qué no te gusta qué me vaya.
Porqué no queres quedarte sólo.
Aúnque estamos frente a frente.
Y no nos digamos nada.
Pero yo si buscó...
A veces esa soledad, de quedarme en casa.
Con la música fuerte hago todo los qué haceres, bailó y cantó.
Sin qué nadie sepa...
Qué amó esa soledad.
Sí, mañana la puerta queda abierta.
Y vos ya no estás...
Qué será de mis preguntas tontas... 
Qué te hacen sonreír y mirarme con esa dulce mirada pícara.
Sé qué nada es predecible o impredecible 
Cómo se diga.
Qué puedes meterte en nuestras cama.
Y dibujar estrellas bajó las sábanas.
Qué besarte...
Me queda cómo el perfume, de cada mañana al salir de casa 
Qué tus enojos son una buena ocasión para escribir cientos de versos...
Y qué la intriga te come la cabeza.
De saber qué dirán...
Y no lo niego son las mejores poesías qué escribo, con aires de mala excusa.
Pero son tuyos y míos.
Si mañana te abrazó muy fuerte.
Y te digó lo bello qué me regala la vida es...
No pensar.
No hablar.
No sentir.
No respirar.
Y no mirar.
Aquí adentro, en este corazón.
Está la llave para cerrar cada puerta.
Qué dejé abierta.
Aquí en el latido, qué se va apagando.
Se va quedando, sin pulso.
Está, todo lo qué soy.
Todo lo qué amasamos con harinas de paciencia.
De tristezas.
De alegrías 
De idas y venidas.
De portazos.
Y profundo amor a oscuras 
Y con la luz encendida
Mirándonos.
Besándonos.
Cómo vos lo dijiste alguna ves.
Tenemos más años juntos, qué lo qué viví con mis padres.
Y es cierto...
Es la masa, ya leudada.
Lista para cocinar. 
Años.
Amor.
Encuentros 
Desacuerdos.
Y si mañana...
Mañana, ojalá ya no sea tarde...
                                  Natalia Yarad

22 jul 2015

Menopausia: los bochornos o calores y la cafeína

En una tarde cualquiera, estás cómodamente sentada en tu sala a punto de saborear un café. De repente, te viene un calor interior muy intenso, la cabeza, el cuello y el pecho se enrojecen, ¡ahora estás sudando! Sí, posiblemente tengas más de cincuenta años y, de no tomar cartas en el asunto, por un par de meses hasta por siete años, los bochornos o calores serán cosa de todos los días… y noches. Quizá, un factor que te ayude a minimizar sus efectos sea dejar de consumir cafeína, entre otras estrategias.

Un estudio reciente realizado por la Clínica de la Salud de la Mujer de la Mayo Clinic en Rochester, Minnesota, publicado en la revista Menopause y que incluyó datos de 1,806 mujeres, relaciona el consumo de cafeína con el aumento de la frecuencia y la intensidad de los bochornos, reportó la doctora y directora de la clínica, Stephanie Faubion. De acuerdo con la publicación Science Daily, estos cambios súbitos de temperatura que incomodan, son los síntomas más frecuentes durante la menopausia. Le ocurren al 79 por ciento de las mujeres en la pre-menopausia o el climaterio (la antesala de la menopausia) y al 65 por ciento de mujeres posmenopáusicas.

20 mar 2015

¿Zanahoria, huevo o café?

Una hija se quejaba con su padre acerca de su vida y lo difíciles que le resultaban las cosas. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.
Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra.
La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre. A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un tazón. Sacó los huevos y los colocó en otro plato. Finalmente, coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija le dijo:
- "Querida, ¿qué ves?"
-"Zanahorias, huevos y café" fue su respuesta.
La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma. Humildemente la hija preguntó:
"¿Qué significa ésto, padre?"
El le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: agua hirviendo, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua fuerte, dura; pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer. El huevo había llegado al agua frágil, su cáscara fina protegía su interior líquido; pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos; después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua. 

"- ¿Cuál eres tú?", le preguntó a su hija. "Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes? ¿Eres una zanahoria que parece fuerte pero que cuando la adversidad y el dolor te tocan, te vuelves débil y pierdes tu fortaleza? ¿Eres un huevo, que comienza con un corazón maleable? ¿Poseías un espíritu fluido, pero después de una muerte, una separación, o un despido te has vuelto duro y rígido? Por fuera te ves igual, pero ¿eres amargado y áspero, con un espíritu y un corazón endurecido?
¿O eres como un grano de café? El café cambia al agua hirviente, el elemento que le causa dolor. Cuando el agua llega al punto de ebullición el café alcanza su mejor sabor. Si eres como el grano de café, cuando las cosas se ponen peor tú reaccionas mejor y haces que las cosas a tu alrededor mejoren.
Y tú, ¿cual de los tres eres?