Si te enojas, desesperas o te duele algo que hace un amigo, vecino, vendedor, etc., puedes quizá optar por alejarte y listo. Pero, si tu hijo, pareja o parientes son quienes te frustran, irritan o los que te ponen los pelos de punta, ¿qué haces? ¿te alejas?
Si no te gusta como algún familiar te habla o trata, puedes pensar cosas como:
“Déjalo pasar” o “Me irrita que me grite pero mejor no armo lio y me callo …”, etc.
O aveces también se puede desahogar lo que se siente, y vienen los gritos, reclamos, discuciones, exigencias, etc.
Sin embargo, ya sea frustrar el enojo o desahogarlo con quien sentimos es el responsable, puede causarnos verdadero estrés sobre todo si esto frecuente y prolongado, y el organismo, al estar constantemente a la defensiva o con severos sentimiento de rechazo o insatisfacción, tratando de mantener, arreglar o componer situaciones que ya no nos satisfacen, puede empezara a deteriorarse en verdad.


