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18 abr 2023

CUANDO DUELE VIVIR

Antes de ser diagnosticada con lupus, Valeria Carrillo sufrió por un largo período la manifestación de su enfermedad. Se retorcía de dolor, se hinchaba, sus articulaciones no daban más. 
Quedaba rígida, y por las noches, lejos dormir, lloraba.
Valeria Carrillo tiene 28 años, es trabajadora social, y si bien con medicación mantiene los efectos de su enfermedad a raya, otras personas con esa patología no tienen los mismos resultados y viven con dolor constante, con crisis y con limitaciones que deben aprender a llevar. “Por eso me convertí en activista de esta causa. Los síntomas son muy terribles”, dice.

El dolor es una respuesta de protección del sistema nervioso ante una situación que considera de riesgo. Pero cuando éste es crónico, la calidad de vida se resiente enormemente. Afecta a muchas funciones corporales y de la mente, porque provoca irritabilidad, altera la calidad del sueño o muchas veces lo impide, crea ansiedad e, incluso, puede hacer caer al paciente en una depresión al ver que su problema no se resuelve.
Desde 2008, la Organización Mundial de la Salud registra el dolor crónico como una enfermedad y no como una señal de cualquier otra. Se considera así porque produce síntomas colaterales que afectan al paciente de forma global. Puede venir desencadenado por una lesión o por un traumatismo pero, se conozca o no la causa, el dolor crónico es una patología y, como tal, hay que tratarla.
Entre paciente y paciente, el médico anestesiólogo Germán Acuña señala las razones sobre por qué el dolor crónico ha sido su desafío y motivación. Tiempo no tiene mucho, pero cree que es necesario difundir lo que sufren quienes lo padecen. “Es que me acongoja ver a muchas personas que conozco que se han desencantado de la vida y para quienes su sufrimiento más grande es que su propia familia no les crea lo que sienten”, explica.

El doctor Acuña señala que es esencial diferenciar entre dolor agudo y crónico, pues el primero corresponde a un síntoma, un mecanismo inicialmente de seguridad que alerta al paciente que le pasa algo. El dolor crónico es otra cosa, es una enfermedad más global que lleva consigo otras afecciones, y que en Chile la padece un 30 % de la población. Si nos fijamos sólo en la Región del Biobío el panorama empeora, pues la tasa se eleva a 41 %, convirtiéndose en la zona con más presencia de esta patología en nuestro país.

No se sabe bien el porqué de las cifras. Quizás el clima o el tipo de trabajo que se realiza aquí en faenas industriales o en el campo pudiera interferir en las causas.

Pero ¿cuáles son las enfermedades que causan dolores más permanentes? Acuña dice que no se puede dar una respuesta concreta, pero que sí las consultas más frecuentes por dolor se concentran en patologías del aparato locomotor, como lumbagos y dolores de articulaciones de rodilla y caderas, y otros como cefaleas y dolores neuropáticos. “Las enfermedades reumatológicas tienen mucho dolor, así como la porfiria o la anemia aplásica, porque no hay una estructura anatómica que se pueda aislar. Las neuralgias también son dolorosas, la neuropatía postherpética, lumbagos invalidantes y el dolor fantasma, que es básicamente sentir malestar en un órgano o miembro que ya no es parte del cuerpo”.

Mención aparte merece la lesión conocida como neuralgia del trigémino, un nervio craneal que, en palabras sencillas, transporta las sensaciones táctiles de gran parte de la cara y el cráneo. Esta afección provoca dolores intensos y prolongados. En su momento se le llamó la enfermedad del suicidio, porque la gente llegaba desesperada a ese punto cuando su mal no tenía cura.

Dolor enfermante

El caso extremo del suicidio indica también que el dolor favorece que las personas comiencen a generar problemas en otros ámbitos. Estar cansados de sentir dolores, de tomar remedios, de estar limitados por sensaciones invalidantes; la falta de funcionalidad o la incredulidad de quienes rodean a los pacientes hace que muchos de ellos se depriman. El psiquiatra Pablo Palma explica, además, que las personas aquejadas de algún problema de salud mental pueden tener percepciones variables en relación con el tema del dolor, y que sientan, por ejemplo, más malestar a propósito de su padecimiento cuando están anímicamente mal. Es decir, es un círculo vicioso.

“El estado anímico puede influir en qué tanto dolor siente una persona. Y objetivamente, quienes padecen patologías dolorosas crónicas como artritis, artrosis, osteoporosis u otras asociadas a la movilidad, tienen más frecuentemente problemas de salud mental”, agrega Palma. A su vez, hay casos de personas con trastornos del ánimo en que uno de los síntomas manifestados en su cuadro de depresión puede ser dolor y que se alivia cuando mejora su estado anímico.

Hay patologías asociadas a la salud mental que están en discusión y en proceso de investigación. Se busca determinar, por ejemplo, si la fibromialgia, que es una enfermedad crónica de la que no hay evidencia sobre cuál es el problema físico que genera el dolor, es una falla fisiológica por decirlo así o tiene origen en la mente.

Valeria Carrillo asiente y dice que es verdad. Los dolores enfatizan el cuadro del lupus y las personas se aíslan y sufren internamente su mal. Es que no es fácil ver cómo te debilitas, pierdes peso, se te cae el cabello y terminas cansado. Eso también limita y te hace sentir triste. “En mi caso, los dolores eran insoportables. Tenía calambres en los pies, en las pantorrillas y en las manos y antebrazos. No podía dormir, lloraba y, después, con el dolor articular sufría rigidez que me limitaba la movilidad. Yo tengo la particularidad de que cuando me vienen los dolores me muevo para evadir la sensación. Pero en esos momentos no podía, porque caminaba rígida y veía cómo disminuía mi movilidad”.

Clínicamente declaran que el lupus es leve o más grave dependiendo de los órganos que compromete. Las personas diagnosticadas con lupus grave son las que tienen compromiso renal o de pulmones. Casi el 50 % de los enfermos de lupus tiene compromiso renal, como Valeria. Hay quienes iniciando el tratamiento con fármacos inactivan sus dolencias y tienen una evolución bastante favorable, pese a que hay síntomas que se prolongan o aumentan con el estrés. Hay otros casos en que, iniciada la crisis, sufren dolor constante y pasan tiempos prolongados en la UCI.

El centro del dolor

Los pacientes con dolor crónico muchas veces son incomprendidos por su familia y por la sociedad. No les creen lo que sienten, y cómo lo sienten. “Es que no tienen esa cara de dolor que observamos en un paciente con dolor agudo. No andan con los pelos parados ni con taquicardia, entonces los cercanos no les creen. Es un problema de empatía”, asegura el médico Germán Acuña.

Esa duda puede crear una situación de ansiedad en la cabeza del enfermo y torpedear la recuperación, incrementando el nivel de dolor, provocando problemas de cicatrización en heridas si éstas se han producido e, incluso, ser más susceptibles de sufrir una infección debido a una alteración del sistema inmunitario.
El componente emocional del dolor es casi tan importante como el físico. También se asocia a lo que se llama “umbral del dolor”. 

Cada persona tiene el suyo. Hay quienes tienen el mismo grado para aceptar el dolor como una molestia y, en cambio, otras son asombrosamente duras ante un estímulo doloroso potente.

En ciertos casos, la falta de empatía en situaciones de dolor crónico hace que algunas parejas fracasen, ya sea por la falta de comprensión o porque se afecta la vida sexual, entre otros motivos. La relación de los padres con los hijos también se golpea, porque las relaciones se enfrían. “Los pacientes con dolor crónico sufren mucha soledad y, por eso, se hace tan importante generar sistemas de tratamiento integral”, agrega el doctor Acuña.

El dolor es un compañero de vida de estas personas. Erradicarlo completamente es una meta irreal, continúa explicando el doctor. No hay un termómetro del dolor como existe para tomar la temperatura, ni tampoco una muestra de laboratorio para detectar su intensidad. “Lo que nosotros tenemos que hacer es creerle al paciente, que es en sí su propio termómetro”… Existen escalas de valoración verbal o escalas de valoración análoga visual en que el paciente “mide” su dolor para así evaluar su padecimiento y poderlo asistir. Los tratamientos se han ido formalizando mucho más, aunque son largos y algunos pacientes deben ser tratados por hasta 20, 30 o más años.

“A veces se busca tratar las zonas con dolor, en el caso del aparato osteoarticular, en caderas, rodillas, hombro, columna. Los neurólogos usan tratamientos farmacológicos. También existen tratamientos que destruyen nervios sensitivos a través de sustancias como alcohol, fenol o radiofrecuencia, que son ondas de radio que calientan el nervio hasta que se destruye. En todos los casos, el nervio a la larga se recupera y tras algún tiempo, meses o años, se debe repetir ese procedimiento”, describe.

Los servicios sanitarios tienen que organizarse para atender a estos pacientes, y aunque ya hay unidades del dolor en el Hospital Las Higueras de Talcahuano, y policlínicos del dolor en el Traumatológico y en el Regional de Concepción, Acuña lidera un proyecto para la creación de un Centro Regional del Dolor en la capital regional, para la atención específica de estas patologías. “Es fundamental para que se realicen tratamientos más durables y que a la larga signifique bajar costos al Estado”, asegura el médico.

Los fantasmas

Uno de los aspectos asombrosos del dolor es que, a veces, el órgano o sector en que éste se genera ya no está, pero las personas lo siguen sintiendo. ¿Por qué? Porque los nervios que conducían el dolor al cerebro continúan enviando señales dolorosas por un buen tiempo. Es un asunto neurológico, describe el psiquiatra Pablo Palma, porque la raíz de las células conductoras sigue enviando impulsos eléctricos que el cerebro interpreta como dolor. Sucede cuando amputan una extremidad, o una mama, incluso, cuando se opera el ano por un cáncer de recto distal.

El dolor crónico podríamos decir que tiene tres locaciones: el nervio periférico, que transmite la primera sensación de dolor y que actúa en forma exagerada, contagiando a nervios vecinos e irradiando un área más grande de la que produce el dolor. El segundo “locus” del dolor es la médula espinal, que comprende mecanismos que normalmente deberían inhibir las señales de dolor y que, sin embargo, empieza a exacerbarlas. Y, por último, en el cerebro, que es el lugar de la percepción, también se enfatiza la sensación, aumentando el dolor.

El movimiento es clave

El kinesiólogo Juan Pablo Burgos, director y fundador del centro Kinetic, argumenta que para ayudar a pacientes con este cuadro de dolor crónico es esencial conocer su historia clínica, saber por qué ese dolor se volvió permanente. Esto pues algo permitió que la enfermedad se organizara y llegara a ese estado. Pero cualquiera sea la conclusión, el movimiento es clave para salir adelante.

Está más que demostrado que el reposo absoluto es contraproducente. A la persona lesionada hay que tratar de moverla lo que más se pueda en los rangos adecuados, y por eso tiene que hacerlo gente experta. A una persona con fibromialgia también la hacemos moverse lo máximo posible, pero teniendo ciertos resguardos. Buscamos activarla. El paciente que tiene dolor crónico cada día se deteriora más y se mueve menos. Su cuerpo se va desentrenando. Está comprobado que el ejercicio sirve en muchos aspectos. Desde tu regulación metabólica, para no tener enfermedades como diabetes; para la presión arterial y otros pero, además, propiamente para el dolor el ejercicio es muy positivo”, sentencia Juan Pablo Burgos.

La razón de este beneficio es que existen unas sustancias llamadas miokinas, secretadas por los músculos, que serían potentes antiinflamatorios que favorecen las articulaciones. Si la persona se somete a actividad física empieza también a combatir todo esto a través de estas sustancias, y el movimiento hace que baje su nivel de dolor. “No puedo tener a un paciente quieto para que se le pase el dolor. En una UCI hoy a lo primero que apuestan es a atender a un operado con kinesiólogos para moverlo prácticamente de inmediato, pues una persona en la cama se deteriora”, indica.

También hay un asunto con la actitud del paciente, pues sucede que muchos quieren tomarse la pastilla y quedar “Ok”. Pasa lo mismo con diabéticos, insulino resistentes y otras enfermedades complejas y de tratamientos lentos. La persona tiene que cambiar hábitos, tiene que mover su cuerpo y activar su musculatura, tiene que secretar miokinas. Eso es lo que le va a cambiar la vida.
Cualquier asunto de nuestra rutina implica moverse, agacharse incluso para ir al baño implica hacer una sentadilla. En el supermercado lo básico es empujar un carro,y eso, a la vez, es un ejercicio de tracción y funcionalidad. Eso es a lo que aspira un paciente: a que ese dolor no le impida ser funcional. “Esto requiere tiempo, pero sí tenemos pacientes que han logrado resultados exitosos y personas que venían muy mal tienen hoy una vida más normal”, asegura el kinesiólogo.

A eso es lo que apuntan también las investigaciones y el Centro del Dolor que sueña el doctor Acuña, junto al equipo que elabora el proyecto que se presentará a las autoridades dentro de poco. 

Abordar el dolor crónico de forma integral y con profesionales de todas las áreas para que aporten al bienestar global de las personas con dolencias. Si algunos centros hospitalarios públicos comenzaron a organizarse para atender con unidades específicas, los privados también lo hacen de a poco, porque el malestar crónico es una realidad que aumenta y se hace necesario abordar. Es terrible andar por la vida con dolores que invalidan, que lo ponen mal consigo mismo, y que a veces quitan las ganas hasta de vivir. Peor si la familia no apoya, la sociedad es indiferente y la medicina no responde.

Artículo por: NOS

27 mar 2023

F I B R O M I A L G I A

Cuando no te conocía tenía mucho miedo
No sabía lo que le pasaba a mi cuerpo, a mi memoria, a mi piel
Me dolía todo hasta  el alma
y tenía miedo de morir, de no soportar el dolor al que me enfrentaba 
Llegué a pensar que tenía alguna enfermedad mortal
me sentía débil, cansada, asustada
Visité por largo tiempo diferentes médicos con diferentes especialidades y no había un diagnóstico concluyente
Hiciste que mi familia no me creyera porque todos los exámenes médicos decían que gozaba de buena salud 
Yo sabía que algo no andaba bien seguí buscando una respuesta
Después de un largo tiempo un doctor me habló de ti y me dijo que ibas a estar conmigo el resto de mi vida
Que confusión, ¿quien eras? 
Así empezó mi búsqueda, quería saber todo sobre ti y empecé a investigar, a informarme ,descubrí que no estaba sola, que había gente viviendo todos los días contigo como compañera
Decidí vivir contigo no para ti
Podrás robarme mi energía pero no mis ganas de vivir.

24 ene 2021

La aceptación: el proceso de tu desarrollo personal

Fibromialgia y aceptación
Recién diagnosticada de fibromialgia, una reumatóloga me dijó que tenía que aceptar el dolor crónico y aprender a vivir con él
En ese momento (con 20 años) mi impulso fue decirle un par de cosas, pero opté por callarme y salir de la consulta entre lágrimas; algo bastante habitual en aquella época, por cierto…
Pensé que la reumatóloga estaba loca. Cómo iba yo a vivir con tanto dolor y, lo que me parecía mucho más difícil, cómo iba a aceptar ese dolor, de por vida… 
En aquel momento la palabra aceptación me pareció ridícula y algo imposible de alcanzar. 
Pensaba que quizás pudiera llegar a conformarme con mi nueva situación, pero aceptarla… ¡nunca!
Ahora miro atrás y veo las cosas de forma muy diferente. 
Después de años de buscar información sobre la fibromialgia y el dolor crónico, y desde una nueva perspectiva, me doy cuenta de que estaba equivocada, ya que desconocía la importancia de la aceptación del dolor en la fibromialgia…
Cuestionario de aceptación del dolor crónico
Cuestionario de aceptación del dolor crónico
La aceptación va encaminada a tolerar una situación, saber que la vida es así y no todo puede ser bueno, pero inclinándose hacia la acción. 
Se puede convivir con esa situación desagradable sin que eso cause un malestar exagerado. 
A pesar de vivir bajo una circunstancia que no nos gusta, se logra centrar el interés y el foco de atención hacia otras áreas, se intentan abrir nuevas puertas.
Aceptación es dejar de hacer todo lo que no sirve: desmontar los círculos viciosos y potenciar el tratamiento médico adecuado.
Aceptar es abrirnos a experimentar los sucesos y las sensaciones completamente, plenamente y en el presente, como son y no como tememos que sean.
Aceptar es tomar conciencia de las limitaciones que conlleva el dolor crónico. Es seguir haciendo aquello para lo que valemos de acuerdo a nuestras capacidades, aúnque esto signifique que tenemos que adecuar nuestras metas a nuestras capacidades limitadas por un dolor crónico.
Aceptar no es quedarse con el sufrimiento que se tiene, la aceptación disminuye el sufrimiento e incluso inicia proceso psicofisiológico de la habituación, por el que el dolor se hace más tolerable porque nos habituamos a él. 
Habituándonos a las sensaciones disminuye la ansiedad, el miedo y la depresión, tendremos menos sensaciones asociadas al dolor y continuaremos comprometidos con un nuevo papel social con valores propios.
Pero, por supuesto, no es algo fácil. Aceptar el dolor es una experiencia muy dura y puede precisar de una terapia psicológica. 
En mi caso, tuve la suerte de contar con la ayuda de una de las asociaciones de fibromialgia de mi ciudad y su psicóloga, y aquello fue mi “salvación”. 
Así que desde aquí, os animo a abrir la mente y buscar apoyos para empezar a ver la fibromialgia y el dolor crónico desde otra perspectiva, para así poder empezar a adaptar ciertas cosas y disfrutar de la vida a pesar del dolor 😉Dolor agudo y dolor crónico

24 nov 2020

Llamados puntos gatillos

El dolor es parte de la vida, de crecer, vivir y aprender a protegernos, es algo que todos en algún momento de la vida lo sentimos, pero cuando tenemos FM el dolor no se quita, está con nosotros desde que amanece hasta que nos vamos a dormir, normalmente muy difícil de lidiar con el. 
Si además le agregamos que no hay la información necesaria para todos, los médicos no están convencidos de que esta enfermedad exista a pesar de que ya el 4-6 % de la población la padece, los diagnósticos y los tratamientos muchas veces no son los correctos y el dolor sigue en aumento. 
Todas las personas que padecen esta enfermedad tienen diferentes dolores, síntomas infinitos, reacciones ante lo que sienten, diferentes percepciones de su propia enfermedad, diferentes niveles de tolerancia ante situaciones vividas y hacia lo que sienten, es por esto que ha sido tan difícil para la ciencia poder tener un parámetro general y certero en esta enfermedad y del nivel de dolor que provoca. 
Afortunadamente se logró por medio de varios puntos en nuestro cuerpo (18 puntos) poder llegar con ellos a un diagnóstico más atinado y a una conclusión para poder reconocer esta enfermedad. Son llamados “puntos gatillo” que al presionarlos generan un impulso de dolor como si fuera un toque eléctrico que viaja por nuestro cuerpo provocando un gatillo de dolor. Estos puntos son solo un indicativo para poder llegar a un diagnóstico, porque son tantos los síntomas que es necesario ir de la mano con un médico de confianza que pueda apoyarnos y guiarnos en este laaaargo caminar. 
Estos puntos se localizan en ciertas partes del cuerpo a nivel muscular, y el dolor que provoca es agudo, con una hipersensibilidad al contacto que no desaparece, y cada vez que se tenga contacto con alguno de ellos provocará este gatillo de dolor. 
Es por esta razón que es fundamental que acudas a un médico Reumatologo de preferencia para que pueda diagnosticarte Fibromialgia. 
Teniendo un diagnóstico puedes sentir alivio para saber que todo lo que te pasa tiene una razón de ser y no lo estás inventando. 
No desistas!! Somos muchos los que sabemos lo que sientes y nos ayudamos con nuestros testimonios a ir superando en la medida que podamos nuestro día con día!! Busca grupos que tengan esta enfermedad, es importante que combines tu tratamiento con alternativas diferentes para mejorar los resultados, esto es de prueba y error, no a todos nos sirve lo de otros pero la búsqueda de algo que nos ayude puede ser más corta.