Nuestra sociedad tiene sentimientos encontrados con la gente despreocupada: también les gustaría despreocuparse y a la vez genera indignación, debido a que se asocia despreocupación con irresponsabilidad, y no falta quien se angustia ante tanta calma.
En el entorno acelerado en el que nos movemos, una persona que derroche imperturbabilidad y relax, es posible que nos ponga los pelos de punta, como un automóvil que va a contramano y el conductor saluda sonriente a los que vienen en sentido contrario.
En todo caso, si tu mente suele navegar con frecuencia en el reposo, la evaluación negativa de tu entorno no tardará en llegar. Tu "pachorra existencial", así tenga visos de sabiduría, será considerada probablemente como apatía, falta de juicio, frialdad, desinterés o desmotivación crónica, en fin: serás mal entendido por ambiciosos e hiperactivos de turno.
La despreocupación adaptativa es el arte de volverse nebuloso para los problemas irracionales y actuar cuando la situación lo requiera realmente. Nebuloso significa que cuando lleguen "dificultades no importantes", dejarás que te atraviesen y sigan de largo. No permitirás que te impacten.La despreocupación responsable no es desprenderse de todo y convertirte en un "indiferente de tiempo completo": es hacerte cargo de aquellas cosas que verdaderamente te interesan y son relevantes.


