El diagnóstico de la fibromialgia es clínico, es decir, basado en la sintomatología que presente el paciente. Todavía no se conocen pruebas diagnósticas específicas que confirmen una fibromialgia, ni pruebas de laboratorio, ni de imagen ni pruebas biológicas. Dichas exploraciones están destinadas a descartar la posible existencia de otros cuadros clínicos con síntomas similares.
Hay que elaborar una historia clínica detallada basada en los síntomas referidos por el paciente y realizando una buena exploración física. Pueden realizarse análisis de sangre y pruebas de imagen, con el fin de descartar otras causas de enfermedad que puedan confundir el diagnóstico: depresión, lupus, infecciones, problemas de tiroides, u otras enfermedades reumatológicas o traumatológicas. Es posible, además, que dichas patologías puedan coexistir con la fibromialgia.
Todo ello complica el diagnóstico de esta enfermedad, de hecho se estima que el 75% de los pacientes no está diagnosticado.

