Cuando algún accidente o enfermedad acontece no hay forma de seguir adelante con los viejos esquemas de pensamiento, todo cambia. Necesitamos de los otros de una forma tan clara que no se hará necesario teorizar acerca de cuánto necesitamos, qué necesitamos y cuánto podemos prescindir de cierto monto de ayuda. No hace falta elucubrar nada, sólo requerimos todo tipo de asistencia y a veces por tiempos muy prolongados.
¿Qué siente la persona que está siendo ayudada? Todos los procesos que implican la compasión y la empatía se activan de una manera abrupta. Al no poder escapar de la situación se tiene tiempo para pensar en todo y para percibir con detenimiento cada detalle de la realidad. Su sensibilidad está plenamente abierta de forma que comienza a percibir los gestos y actitudes de quienes los están ayudando: “¿lo hace por lástima?... ¿lo hace con cansancio o fastidio?... ¿lo hace mecánicamente, hasta con cierto enojo y sólo porque es su trabajo?... ¿la forma en la que me ayuda me hace sentir más débil o me fortalece?...¿me siento más dependiente y deprimido o, muy por el contrario, valorado y comprendido en mi humanidad compartida con quien me está ayudando?... ¿me estoy sintiendo culpable al ver que estoy quitando tiempo y calma a los demás?”
