La fibromialgia es una de las enfermedades más desconocidas.
Más frecuente en mujeres, cursa con síntomas que varían desde agotamiento generalizado a dolor en las articulaciones y muscular.
Unidos a estos se presentan otros síntomas como la rigidez o anquilosamiento, dolores de cabeza y cara, trastornos del sueño, dificultad para concentrarse, trastornos digestivos -dolor abdominal, meteorismo, estreñimiento, diarrea-, problemas genitourinarios, parestesia -hormigueo y entumecimiento en manos y pies-, falta de equilibrio, trastornos en las piernas – “síndrome de las piernas inquietas”-, hipersensibilidad a la luz, sonidos, toques y olores, alteraciones en la piel -sequedad, manchas, purito-, depresión y ansiedad.
Esta enfermedad no se puede diagnosticar a través de las pruebas de laboratorio. Los pacientes que la sufren se realizan radiografías, analíticas de sangre y biopsias musculares y sus resultados siempre suelen estar dentro de la normalidad.
Los pacientes con fibromialgia suelen presentar un aspecto saludable, lo que dificulta su valoración. Sólo el estudio detallado de sus músculos indicará las zonas extremadamente sensibles al tacto llamadas puntos hipersensibles.
Los síntomas de la fibromialgia se parecen a los de otras enfermedades como el lupus sistémico, polimialgia reumática, miositis, polimiositis, daño neurológico ocasionado por la diabetes, enfermedades de la tiroides, tendinitis, bursitis, síndrome de agotamiento crónico y otros. Es imprescindible descartar éstas antes de una diagnosis de fibromialgia y su posterior tratamiento.
