Con el tiempo, nos fuimos volviendo ásperos en muchos sentidos, nos acostumbramos a devolver con la misma moneda como se nos trata, o en otros casos, a pensar… “ah, si la mayoría lo hace ¿por qué yo no?, en fin, por uno más que lo haga". Estas actitudes individuales generan todo lo negativo que vivimos y repudiamos en nuestra sociedad.
Tratar de cambiar a los demás es una tarea que nunca va a dar sus frutos, porque aunque creamos que lo estamos haciendo de forma pasiva, estaríamos violando el libre albedrío, la libertad de elegir nuestro pensar y actuar individual.
