El calcio es el mineral más abundante en nuestro cuerpo, concentrándose el 99% en huesos y dientes. [1]
Nuestro esqueleto, además de cumplir una función estructural, actúa como un almacén de calcio, proporcionando cantidades constantes al torrente sanguíneo, permitiendo la contracción y relajación muscular, la transmisión nerviosa, entre muchas otras funciones. Algo de este calcio se pierde regularmente a través de la orina y debe ser reemplazado por fuentes alimenticias.
La ingesta diaria recomendada (DRI) de calcio, corresponde a 1000 mg. En el caso de adolescentes y adultos mayores, es recomendable una ingesta de 1300 mg y 1200 mg respectivamente [1].
Estos requerimientos se pueden cubrir sin mayores complicaciones combinando productos fortificados (como avena y cereales de desayuno, tofu, leches vegetales, algunos jugos y pastas), frutos secos y semillas, además del aporte de legumbres y frutas [2].
Existen verduras de hoja verde con gran aporte en calcio, como la kale y la col rizada. Sin embargo, en muchos lugares no son muy accesibles, por ej. en Chile.
Reducir la ingesta de fitatos, oxalatos y polifenoles contenidos en ciertos alimentos(*), puede mejorar la biodisponibilidad del calcio y otros minerales presente en los alimentos vegetales [3]. Consumir una cantidad adecuada de proteínas, obtener suficiente vitamina D y realizar ejercicio constantemente, se considera crucial en el mantenimiento de la salud ósea [4-5].
Es un trastorno que causa dolores musculares y fatiga (cansancio). Las personas con fibromialgia tienen “puntos hipersensibles” en el cuerpo. Estos se encuentran en áreas como: el cuello, los hombros, la espalda, las caderas, los brazos y las piernas. Los puntos hipersensibles duelen al presionarlos.
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