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22 may 2015

Proceso personal...


Todo proceso personal necesita sus tiempos. Sus tiempos de desarrollo, de ir asentando vivencias, integrando, comprendiendo... quiénes somos y qué nos sucede.
Porque creo que de eso se trata en definitiva, de llegar a lo más profundo de quienes somos y de las cosas que nos atraviesan. Y eso no es algo que, en general pueda hacerse en media hora...
A veces, supongo que movidos por nuestras propias confusiones o nuestras resistencias más anquilosadas buscamos soluciones rápidas, fáciles de tomar y soltar, buscamos recetas infalibles e inmediatas, parches o chicles para los dolores del alma... Pero me he dado cuenta de que no es así como funciona.

24 abr 2015

Carta para mi...

Querida YO MISMA,
Antes que otra cosa quiero decirte que sé por lo que estás pasando, que sé que han sido tiempos complicados, que ha habido momentos difíciles y tristes, pero que sepas que estás bien y estarás mejor.

En primer lugar que tengas claro que nunca estarás sola y que cuando te invada ese sentimiento recuerdes que me tienes a mí como compañera y cómplice a lo largo del camino. Siempre estaré a tu lado.

Que sepas que me siento orgullosa de ti, que tienes mi admiración y respeto por  tu coraje y valentía y por todo lo que has logrado en tu vida, especialmente por lo que han sido y representado estos últimos años. Espero tu también puedas ver y ser consciente de esto, pero si algún día o en algún momento por alguna razón lo olvidaras, no te preocupes, ahí estaré yo para recordarte cada paso que has dado y lo que has ido forjando.

18 mar 2015

Para tener fe


En otros tiempos, un joven monje presa de dudas no podía comprender qué había que hacer para creer, para tener fe. Fue a ver a su maestro y le preguntó si podía esperar que en el futuro comprendería, aunque lo fuera un poco.
-No es necesario comprender -respondió el anciano maestro.
-Si no comprendo, ¿cómo tener fe?
-Inútil tener fe - dijo el Maestro.
-Entonces, no entiendo nada - dijo el monje.
-Lo único que necesitas es una fuerte certeza - replicó el Maestro.
Anochecía, y el anciano maestro salió del templo con su discípulo. Apuntando hacia el cielo con el dedo, le preguntó:
-¿Ves la estrella que brilla allí arriba?
El joven miró en la dirección indicada y respondió:
-Sí, la veo.
-¿Ves ahora esa otra que está justo al lado?
-No hay ninguna al lado - dijo el discípulo.
-Mira bien - agregó el Maestro.
Y efectivamente, el discípulo percibió una estrella casi invisible. Si trataba de mirarla directamente, no la veía; en cambio, si la miraba ligeramente de soslayo, la estrella se volvía perceptible. El Maestro le dijo entonces:
-Es lo mismo que la certeza. Comprender es ver la estrella que brilla; tener fe, es estar seguro de que existe una estrella aunque uno no la vea; la certeza interna es saber que existe aunque no se le perciba claramente. He utilizado esta metáfora para educarte, ahora debes comprender por tí mismo.
Al joven monje le impresionó muchísimo la sabiduría de su maestro, pero se preguntaba cómo podía éste saber que había una estrella invisible justo en ese sitio.
El Maestro le dijo entonces:
-Las estrellas son innumerables; creo que tú y yo no mirábamos la misma. El número de estrellas es tan grande, que siempre existe una invisible, en cualquier lugar, que solo se puede ver si se mira sin mirar.