Paciencia es lo que necesita el sembrador cuando deposita una semilla bajo la tierra. Esperando lentamente que su flor crezca o que su producto rinda fruto. Anhelando ver resultados, deseando una abundante cosecha. Paciencia es la que a veces parece que se nos agota, nos causa frustración y gran tristeza ante la incertidumbre de que no veremos los resultados.
Así como una semilla que sembramos bajo tierra y no logramos ver cómo van brotando adentro sus raíces, pero con una fe llena de certezas, confiamos en que a su debido tiempo producirá resultados. Así es que desarrollamos la paciencia.
Misteriosamente la paciencia produce en nosotros la perseverancia y hace que desarrollemos características que nos preparan para hacernos más fuertes ante las pruebas de la vida. Si hay alguien que conoce lo que es esperar pacientemente, ese es el desierto. El desierto que siempre ansía que la lluvia acaricie su arena.
Aún cada estación tiene su tiempo. La primavera espera al verano, el verano al otoño y el otoño al invierno. El sol sale en la mañana, luego va desapareciendo en el ocaso para que llegue la noche inundada de estrellas. Aún la luna tiene que pasar por procesos para estar llena. Esperar lentamente su crecimiento, para en su debido momento brillar con el fulgor más bello.
Nadie nunca dijo que la espera sería fácil. Porque la espera generalmente es lenta. De hecho, en muchas ocasiones es dolorosa y sin embargo su fruto puede resultar abundante. Pero la paciencia lleva consigo insistencia y la insistencia a su vez nos hace fuertes como rocas.
Nadie nunca dijo que la espera sería fácil. Porque la espera generalmente es lenta. De hecho, en muchas ocasiones es dolorosa y sin embargo su fruto puede resultar abundante. Pero la paciencia lleva consigo insistencia y la insistencia a su vez nos hace fuertes como rocas.
